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Esto también pasará…

Por Héctor García, Socio Regional de Nóvament Cancún. “Las especies que sobreviven no son las más fuertes ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”. Charles Darwin Todo sucedió un martes 17 de marzo del 2009, cuando se notificó la pandemia de gripe A (H1N1) en México, siendo los primeros en […]

Por Héctor García, Socio Regional de Nóvament Cancún.

“Las especies que sobreviven no son las más fuertes ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”. Charles Darwin

Todo sucedió un martes 17 de marzo del 2009, cuando se notificó la pandemia de gripe A (H1N1) en México, siendo los primeros en reportarlo y expandirlo al mundo.

El caribe mexicano venía de reponerse del impacto de dos huracanes categoría cinco en la escala de Saffir-Simpson en 2005, el primero fue Emily, a principios del mes de Julio y en Octubre del mismo año el más fuerte, llamado Wilma. Ambos Huracanes fueron devastadores en el destino turístico más importante de México y América Latina.

En menos de 6 meses, la actividad económica volvía a la normalidad y se iniciaba una recuperación en el posicionamiento del destino, buscando nuevamente la confianza de los turistas.

Para 2008, la crisis financiera en Estados unidos, tuvo impacto en el mercado inmobiliario de la zona, pero no turístico, el nacional apuntalo la falta de turistas extranjeros, por lo tanto, se logró sobre llevar esta situación.

Tan solo 3 años pasaron de esa ilusión de poder retomar los altos índices de ocupación hotelera, de flujo de gente en aeropuertos y cruceros, cuando llego la primera alerta sanitaria en el país. Cancelaron vuelos, arribos de cruceros, se realizaron cercos sanitarios y nuevamente se paralizo la economía.

Los empresarios sabían enfrentarse a huracanes (sin importar su categoría) a otros destinos turísticos y lucha de tarifas con mayoristas (son quienes traen a los turistas de su lugar de origen a vacacionar a los destinos que mejores condiciones económicas ofrezcan) para consolidar a Cancún, la Riviera Maya y Cozumel, como potencias turísticas a nivel mundial.

¿Pero enfrentarte a una crisis sanitaria? Para algo que no se estaba preparado y que fue de impacto en el principal destino turístico del país.

Para Nicholas Taleb un cisne negro es un evento extremadamente raro que produce un impacto enorme, (Taleb, 2008).

Fue el primer cisne negro que llego como un halcón, de manera inmediata y arrasadora, sin tiempo de prevenirlo, dando pie a minimizar de primer instancia la situación, porque los empresarios estaban acostumbrados a reponerse de eventos difíciles cómo huracanes, pero la situación fue diferente, no había destrucción, sus activos estaban ahí listos para producir dinero, el personal suficiente para operar en la temporada alta, que son los meses de Febrero y Marzo, con las compras suficientes en el inventario, para satisfacer a los turistas, pero estos últimos faltaban en la fórmula de generar negocio.

Bajo esta situación, empezaron a ver reducido su flujo de efectivo, al continuar con el pago de gastos fijos y algunos variables, pero sin recibir un peso de ingreso. Estaba todo normal, solo que no había quien comprara los productos.

Empezaron a negociar rentas, sueldos con empleados, dar vacaciones anticipadas, hablar con proveedores y sobre todo, reducir esos gastos “HORMIGA” que son muy grandes cuando los consolidas en uno solo.

Esta situación saco a flote esos puestos y gastos que no generaban valor a la organización, por lo cual, el empresario se disciplino a mantener sus costos lo más bajo posible.

Esta nueva forma de administrarse, fue por alrededor de 3 meses, donde nuevamente fueron los turistas nacionales, quienes de manera valiente llegaron al destino. El destino valoro este mercado, dado que se daba prioridad al extranjero.

Pasado los 5 meses, regresaron los turistas extranjeros, quienes tenían cierta mesura por el contagio, pero los empresarios iniciaron un elevado proceso de manejo higiénico de alimentos, procesos de limpieza y acciones que dieron una percepción de mejora de imagen en el destino.

Nuevamente se presenta una segunda contingencia sanitaria en este 2020, con una curva de aprendizaje en los empresarios del Caribe mexicano, con esto, se está reaccionando con protocolos de contingencia, tanto hoteleros, tour operadores, prestadores de servicios turísticos y proveedores de este sector, están tomando medidas aprendidas hace 11 años de la peor manera.

Regresando a los cisnes negros, Taleb menciona 3 características:

  1. Es una rareza
  2. Produce un impacto tremendo
  3. Hace que inventemos explicaciones de su existencia después del hecho.

Su descripción de cisnes negros se puede reducir en:

  1. La incapacidad de predecir las rarezas implica la incapacidad de predecir el curso de la historia. Es algo que no conocemos como se originó y que suceda después de vivirlo.
  2. Dado que los cisnes negros son impredecibles, tenemos que amoldarnos a su existencia. Son hechos consumados, que debemos aprender de ellos y adaptarnos.
  3. Muchos Cisnes Negros puedes estar causados y exacerbados por el hecho de ser inesperados. El hombre siempre busca una explicación racional a lo que sucede, por lo tanto, es un flujo de información y opiniones que no se tiene la verdad absoluta del evento.

Algo que suena muy común en estos días, por lo tanto, es momento de prepararnos, abrir nuestros horizontes, hacer redes con empresarios de otras ciudades, para conocer cómo están reaccionando ellos ante esta situación, que no sabemos cuándo va a terminar y tampoco las consecuencias que tendrán, lo que sí podremos asegurar es que usted y yo, tenemos que amoldarnos a las consecuencias para seguir nuestros negocios y nuestra vida.

El poder tener una opinión de un externo, que puede ser un consultor, con habilidades y preparación, puede ser una opinión que brindará herramientas para que usted empresario pueda tomar la mejor decisión de llevar a su organización a aguas menos turbulentas, que la reacción inmediata a este fenómeno, pueda hacerla el líder en su ramo.

Comunicar como nunca

Por David López, Consultor de Comunicación en Nóvament Como consultor de comunicación en los últimos días he recibido una cantidad importante de mensajes donde clientes, aliados y amigos comienzan a sentirse nerviosos y preguntan qué hacer en estos tiempos, en los cuales por disposición sanitaria deben enviar a sus empleados a trabajar desde casa. En […]

Por David López, Consultor de Comunicación en Nóvament

Como consultor de comunicación en los últimos días he recibido una cantidad importante de mensajes donde clientes, aliados y amigos comienzan a sentirse nerviosos y preguntan qué hacer en estos tiempos, en los cuales por disposición sanitaria deben enviar a sus empleados a trabajar desde casa.

En este caso no es tanto la incertidumbre de la desaceleración económica que implicará esta parálisis en muchos sectores. Por ejemplo, algunos contactos restauranteros se manifiestan en vías de postración, ya que durante el fin de semana lo pasaron muy mal ante la disminución considerable de clientela.

Por otra parte, un buen amigo que ha desarrollado su vida profesional en la administración me recordó la contingencia por influenza AH1N1 hace 11 años, “paramos entre tres y cinco días; fueron prácticamente unas vacaciones y no resultó complicado regresar a todos a su carril cuando volvimos; yo estaba en mandos medios y era responsable de poco más de 20 personas”, hoy contrasta, “ahora estoy a cargo de más personas y con ellas del ambiente de trabajo y compromiso individual y colectivo, ¿cómo no perderlos ante una dispersión prolongada?”

“La respuesta te la puede dar la comunicación estratégica”, le dije, pero no pude evitar reprocharle, “lo malo es que ustedes los administradores, al menos los de la vieja guardia, a la hora de hacer recortes, la comunicación es de los primeros rubros que sacrifican”.

“Tal vez tengas razón”, me dijo, “pero, ¿qué es más importante? ¿Gastar en mensajes no urgentes para la gente o –por ejemplo– invertir en vender más para subsistir, o en administrar lo poco que puede entrar?”.

“La clave es la palabra que dijiste”, contesté, “la comunicación también es inversión”.

Le compartí en pocos minutos algunas recomendaciones de comunicación, que ahora extiendo, para organizaciones y empresas en tiempos en que el home office (trabajo desde casa) no sólo es inminente, sino se perfila a ser prolongado.

  1. Contrario a comunicar menos, es crucial comunicar más. Redoblar la comunicación enfatizando historias e información que confirman los vínculos psicológicos de la empresa con el trabajador. La diferencia estriba en hacerlo con efectividad, orden y disciplina.
  2. No descarte implementar un boletín interno que se envíe con alta periodicidad; de ser posible, diariamente. No debe ser extenso, sino conciso y substancial.
  3. No se trata de saturar a las personas con más mails engorrosos, sino con mensajes que, además, establezcan conexión emocional. Ayudará el contenido que apele a los sentimientos, aunque este recurso debe ser usado sin manipular.
  4. Cultivar el compromiso de la persona con el objetivo estratégico de la empresa y reafirmar la idea de que, contribuyendo a su misión, consigue su propio propósito profesional y personal. La parte más retadora de esto es que debe ser cierta.
  5. Deberemos comenzar a cambiar un principio arraigado por generaciones: la idea de que las empresas son lugares. Algunos epidemiólogos no descartan que ésta sea parte de una serie de pandemias cada vez menos espaciadas en tiempo. Ante eso, ¿Qué le depara a nuestra civilización? ¿Cómo sobrevivirán nuestras empresas? ¿Qué haremos cuarentena tras cuarentena? Va una pista: la empresa no es un lugar, son personas.

Tenemos más recomendaciones con las que continuaremos a la próxima, pero dejamos lo anterior para reflexionar. Nunca como ahora las empresas que le dan importancia a la comunicación y a la cultura organizacional y las abordan estratégicamente, tendrán mayores posibilidades de salir, si no más fortalecidas, al menos sí menos afectadas de contingencias como ésta. En tanto, organizaciones que no lo han hecho pueden aprovechar estos días para pensarlo. Mientras, lo anterior puede ser un buen punto de partida.

Aunque suene disparatado, veámoslo como oportunidad. No nos queda de otra.